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03 octubre 2011

La realidad con humor e ironía de Ricard Opisso

Fue uno de los dibujantes y acuarelistas más populares del panorama artístico catalán desde finales del siglo XIX hasta medianos del siglo XX, además de un excelente cronista gráfico de la ciudad de Barcelona. Efectivamente, hablamos de Ricard Opisso (Tarragona, 1880 – Barcelona, 1966), un artista lleno de humor satírico y con una gran base de ironía. Una veintena de sus dibujos, muy bien seleccionados, están expuestos en la galería Art Petritxol de Barcelona hasta el 2 de noviembre.

Hace referencia a actos populares de la sociedad catalana, con una vertiente cómica, acompañada de tranquilidad o caos. En sus dibujos aparecen aglomeraciones de personas que se encuentran en distintas situaciones. La serenidad se puede descubrir en ‘Merienda campestre’, donde hay personas hablando, descansando, cuidando a sus hijos o sirviendo vino. Otro ejemplo, aunque con un poco de desorden es ‘Merienda en el rompeolas’, una tradición que el artista representa con su estilo innato. Transmite las buenas relaciones familiares, la alegría de los más pequeños cuando juegan, el vigilar a los niños, bailar y tocar la guitarra, pintar un cuadro, leer el periódico, pescar o bañarse, todo ello con caras alargadas o esbozando una sonrisa. El desbarajuste de los ‘Domingueros’ está muy bien representado, con un toque de exageración, con la gente que se tira encima del vendedor de garbanzos. También hay un fotógrafo, un señor escuchando un tocadiscos, una madre dando la comida a su bebé, un niño que sigue a un perro y le tira de la cola, éste a la vez está haciendo saltar por los aires la comida de una familia que mira con expectación y enfado. Otros ejemplos son ‘La fiesta mayor’, ‘Plaza de Cataluña’, y un escalofriante, hasta cruel, ‘Dentista del pueblo’.

Una gran multitud, en este caso de animales está figurada en ‘El arca de Noé’, donde los animales están en el exterior a punto de subir al arca. La mayoría se muestran pacientes, con excepción del mono que aprovecha para quitar los parásitos del elefante y del enfrentamiento entre los leones y los leopardos que disputan por hacerse con el ciervo. Mientras, Noé está sentado y leyendo el periódico ‘La Veu de Catalunya’ que trata la situación en Rusia y en Irlanda, y con ironía, se publica un tercer titular que habla sobre ‘la situación en... Xauxa’, un país imaginario donde uno puede vivir sin trabajar.

El escenario del ‘Artista en el estudio’ es uno de los dibujos que representa París en la etapa que estuvo Opisso. Está muy bien logrado, constituyendo un estudio de un pintor. En éste, una mujer da el pecho mientras su marido pinta un cuadro abstracto fumando una pipa. Se percibe que es un lugar frío al ver que el pintor lleva una bufanda, y también se aprecia por los colores oscuros que Opisso ha utilizado. Este estudio que también deja un hueco para tender la ropa, además del té y el vino. Ricard Opisso realizó distintos cuadros sobre su etapa en Francia, y también algunos sobre personas árabes, así que podemos deducir que también hizo algunas estancias en países árabes como muestra el dibujo ‘Árabes’, donde una pareja que hace de testimonio de la pobreza.

Opisso solía frecuentar la taberna de los ‘Quatre Gats’ (‘Cuatro Gatos’) y se reunía con Santiago Rusiñol, Ramon Casas, Miquel Ultrillo y Pablo Ruíz Picasso, entre otros. Realizó varias obras donde aparecían sus amigos, y Art Petritxol quiere acercar un par de ellas al público. Una, ‘Picasso, Ultrillo, Casas y Rusiñol’, y la otra bajo el título ‘P. Romeu, R. Casas y el perrito Zizou’.

La grandeza de Opisso descansa por la gracia que transmite con sus dibujos, mostrando una realidad, muchas veces que la sociedad quiere esconder. Concretamente, en las obras donde hay plasmada una gran multitud de personas, hay todo de hechos simultáneos, está plagado de detalles. Uno se podría estar horas y horas observando atentamente las obras e ir encontrando las distintas acciones de los personajes, con sabor humorístico. La visita de la exposición, inaugurada este jueves, es muy recomendable, ya que dispone de una recopilación de dibujos dignos de admirar.


Museo Opisso de Barcelona
Si tienen más interés en las obras del dibujante catalán, pueden visitar el museo Opisso de Barcelona, situado en el Hotel Astoria, que integra 200 piezas repartidas en las tres salas.


‘Merienda campestre’, de Ricard Opisso

‘El arca de Noé’, de Ricard Opisso

08 mayo 2011

Julio Vaquero, protagonista de una doble exposición

El artista Julio Vaquero ha sido el protagonista de una doble exposición en la capital catalana, una en la Galería Trama, y otra en Arts Santa Mònica, después de estar tres años concentrado en un estudio cedido por la Fundación Sorigué (con la cual colabora desde hace diez años), trabajando en uno de los proyectos, seguramente, más ambiciosos de su trayectoria. La Galería Trama reúne 13 cuadros hechos con lápiz graso y aguada sobre papel vegetal, y Arts Santa Mònica muestra su otra obra, muy relacionada: la escenificación de objetos reales, organizados en un escenario que hace de modelo de su obra pintoresca. Como dice Joan Anton Maragall, director de la Galería Trama, el artista “siempre ha pintado desde la realidad, pero, por primera vez, la realidad es a su vez su obra”.

Vaquero muestra en sus pinturas una destrucción del tiempo y de las cosas, además de una dimensión fantasmática con figuras que afloran de la pintura. Así se puede observar en ‘Fantasmas y sombra humana’ (2010) donde se muestran objetos en desuso y tapados con unas cortinas que representan lo fantasmático, pues en medio, se aprecia claramente la sombra de una persona. Las pinturas del artista representan interiores desolados donde los muebles antiguos y “abandonados” es lo más representado en este universo sobrenatural, ‘La silla y el suelo’ (2011) con una antigua silla majestuosa, la misma que se encuentra en su otra obra representada en un espacio artístico. Este sitio, con aspectos específicos de los objetos y escenas generales del conjunto bajo el título ‘El final de las apariencias’ (2008-2010), está realizado con materiales como pintura seca, resina, fibra de vidrio y alquitrán. Uno de los objetos de este escenario, una cama, también está representado en un cuadro titulado ‘Cama’ (2010-2011). Algunas de las otras obras reflejadas en el papel vegetal son: ‘Largas sombras en la pared de oro (en proceso de trabajo)’, ‘Armario oscuro’, ‘Mueble y espectral’, ‘La luz que entra’, ‘Dibujo brumoso’, ‘Entrañas del mueble oscuro’, ‘Largas sombras en la pared’, ‘Dibujo entre luces blancas’. Con estas dos exposiciones, los amantes del arte pueden observar el proceso creativo de Julio Vaquero.



La Galería Trama se traslada

Este jueves, ha sido un día señalado también porqué se da el hecho que con esta exposición celebrada en la Galería Trama, después de dos décadas de funcionamiento, se ha inaugurado un nuevo espacio en la calle Petritxol número cinco con la presencia del conseller de Cultura, Ferran Mascarell.

Es un edificio muy conocido porqué pertenecía, en su totalidad, a una de las salas de arte más conocidas y con más de 130 años de historia: la Sala Parés. De este modo, la Sala Parés, que tenía dos plantas para exponer sus obras, sólo ocupará la parte de abajo debido al complicado momento económico, y la Galería Trama se sitúa en la planta superior. Un buen punto y a parte para la historia de la Trama.


    

12 abril 2011

El paisaje imaginario de Yamandú Canosa

El paisaje sujetivo de Yamandú Canosa es bien curioso. Se adentra en distintos hechos y reflexiones, e incluso en contradicciones pero que forman parte de una idea que el espectador destapa cuando los analiza a partir de sus pensamientos. Esta necesidad de plasmar el mundo en sus obras, tan diferentes entre sí, es lo que ha llevado a la Fundació Suñol a querer agruparlas en la primera planta del edificio y bajo el lema ‘El árbol de los frutos diferentes donde se incluyen obras realizadas entre el 1992 y el 2010, algunas de ellas nunca expuestas anteriormente. De este modo, el artista se basa en una metáfora de un árbol cuyas ramas conectan elementos muy distintos entre sí, que se extienden hasta formar una estructura única.

El uruguayo hace de narrador durante un camino que lleva al público a construir un esquema mental enmarcado dentro de un sueño lleno de ideas como el amor, el desamor, la paz, la violencia, la calma, el caos, la lucha y el entendimiento. Como el esfuerzo y lucha frente a los obstáculos que muestra en  ‘Gran psico R2’ de 1998 –témpera sobre cartón–. Yamandú Canosa tiene una visión distinta de la línea ‘h’ del horizonte, que distribuye hemisferios. En sus obras hace de pliego, como un eje donde están las afinidades y como límite de un mundo en que las apariencias conviven con la imaginación. Esta línea puede desdoblarse en cualquier momento como muestra en ‘Desamor’ realizada en 2004 –gouache sobre papel–. En este cuadro se muestra una vía de tren que se bifurca, así que cada uno sigue un camino distinto. Por otra parte, también quiere transmitir deseo, como se puede observar en el óleo sobre tela ‘Story Board (dos casas)’ realizada en 2001. En este se muestra un hombre con su casa detrás, a su espalda, y que mira pensativo hacia otra que tiene lejos, más grande y con más elementos. Su casa y él se encuentran en un lado, sobre de un hilo que parece como una balanza, y al otro lado hay una magnífica casa. Pero él está quieto, no lucha por conseguir ese sueño. Todos los sentimientos juntos que transmite el artista crean una relación de geometría del imaginario. “Todos los sentimientos están en mis obras de forma contradictoria y compleja”, ha explicado Canosa en la inauguración de este pasado jueves.

Como afirma el pintor, “el arte tiende a crear un modelo de la relación con el mundo”. Quienes quieran descubrir cómo es el de Yamandú Canosa, pueden visitar la exposición hasta el 10 de septiembre en la Fundació Suñol.

                                     Vista de una sala de la exposición. 
                                     Fotografía: Marcelo Isarrualde, 2011


                                      Yamandú Canosa. Gran Psico R2, 1998
                                      Tempera sobre cartón 120 x 160 cm

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