Un “momento mágico” es como define Jordi Isern (Barcelona, 1969) a la naturaleza en su estado más puro que le permite retener el tiempo, y que provoca “una serie de emociones y reacciones al contemplar un bello espectáculo paisajístico”, explica el pintor. Estos momentos tan oportunos se encuentran expuestos, hasta el 2 de noviembre, en la Sala Rusiñol de Sant Cugat y bajo el título ‘Colores latiendo de emoción’.
Hace veinte años que Isern es pintor y artista enamorado del paisaje. Es de Barcelona pero hace bastante tiempo que se trasladó a vivir a Alcover (Tarragona) para encontrarse con su ‘yo artístico’. Necesitaba estar cerca del medio ambiente. Este pueblo junto con el Montblanc –donde tiene su segundo estudio–, la Garrotxa, los Picos de Europa y la isla de Tenerife –lugar de residencia durante una temporada– le han seducido. La atracción que siente hacia estos lugares parece que le den un poder, consiguiendo obras impresionantes y llenas de detalles como la niebla, el reflejo de los árboles en el río, o incluso el humo de las chimeneas de las masías manifestado en el cuadro ‘La Serra del Pou-Montañas de Prades’ y en ‘Lluvioso en Puigsacalm’. Si uno observa los detalles y los colores, puede ver claramente en qué estación del año se realizó la obra. Las hay expuestas de todas las estaciones del año.
‘Lluvioso en Puigsacalm’, de Jordi Isern
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